viernes, 3 de febrero de 2012

¡Velas! ¡Velas por doquier!

El invierno sueco es frío, húmedo y largo (también tiene sus cosas buenas, pocas pero alguna tiene). Eso es vox populi, no hace falta ahondar en el tema, menos aún cuando vives en Suecia porque si hay algo que les encanta a los suecos es despotricar sobre el tiempo. De hecho, es probablemente uno de los pocos temas de conversación aptos para entablar conversación con un extraño sin que la gente te mire como si estuvieras atentando gravemente contra su sacrosanta privacidad. Años y años, siglos y siglos de inviernos mustios y tediosos han obligado a los pueblos nórdicos a introducir algunos hábitos y costumbres que en otras partes del mundo generalmente más luminosas pueden parecer peculiares. Una de esas costumbres es el uso compulsivo de velas de todo tipo en otoño, invierno y primavera.

Las velas como terapia

Qué duda cabe, tradicionalmente las velas han servido a los lugareños para ahuyentar la oscuridad y evitar que los inviernos con dieciocho horas seguidas sin ver la luz del sol terminasen por convertir a los tranquilos suecos en psicópatas. Se puede argumentar que históricamente las velas han cumplido la misma misión terapéutica que el alcohol: escapar de la realidad para evitar los trastornos de comportamiento relacionados con la falta de luz natural. Es cierto que una medida es preventiva (velas) y la otra es reactiva (alcohol) y que una es más sana que la otra, pero el propósito final sigue siendo el mismo: hacer que los inviernos sean más llevaderos y compensar esa carencia de vitamina D.

Antes de que la electricidad fuera casi un derecho universal utilizar velas tenía mucho sentido: la electricidad o aún no se había inventado, o era muy cara o era poco fiable. Hoy tenemos lámparas y bombillas de todo tipo, no hay más que darse una vuelta por el IKEA de la esquina para comprobarlo, y aún así los Kitunen, los Bergsson y los Olofsson siguen dale que te pego comprando velas. ¿Por qué lo hacen, si podrían comprar lámparas a espuertas?

¿Qué pasa, que las bombillas no molan?

Uno de los argumentos que emplean los suecos para defender el uso de velas es que de esa forma mantienen el domicilio iluminado y pueden combatir mejor los meses de oscuridad. Creo que el párrafo anterior tira esa teoría por el suelo de forma efectiva, y a pesar de eso si intentas utilizar ese razonamiento para refutar su argumentación lo único que conseguirás es que se repliegue hasta su segunda línea de defensa: “las velas son más bonitas y acogedoras”.

Acabas de llegar al meollo de la cuestión. Es discutible que las velas transmitan una sensación más acogedora que una lámpara como dios manda, pero podrías estar de acuerdo. Si eres una persona práctica, probablemente insistas en que por muy acogedoras que sean las velas no sirven para mucho (prueba a leer un libro a la acogedora luz de las velas, verás como te dejas la vista haciéndolo). Ante este argumento a los lugareños ya no les queda otra que retroceder a su última línea de defensa, el búnker cultural: “Bah, dejémoslo. No entiendes lo de las velas porque no eres sueco”.

Tenemos un factor más que los suecos muchas veces obvian: la peligrosidad. Para una persona consciente de que la gran mayoría de las muertes accidentales ocurren en el domicilio particular la simple idea de inundar la casa de potenciales focos de incendio es aterradora. Evidentemente una vela encendida no es un kilo de C-4; pero diseminar, digamos, cincuenta velitas por tu casa y pretender estar pendiente en todo momento del estado de cada vela es como salir de excursión con cincuenta niños de cinco años al zoo y confiar en que no se va a extraviar ninguno. Cada vez que entro a una casa y veo velas encendidas por doquier me viene a la cabeza la imagen de la famosa socorrista española y su “la he liao parda”. Además, con tanta vela tu casa termina oliendo a cumpleaños día sí, día también.

Con tanta demanda de velas no es de extrañar que sea uno de los productos más demandados en IKEAs y supermercados. En la sección de “hogar” además de los tradicionales cubiertos de plástico, rollos de cocina y demás utensilios encontrarás velas para aburrir en paquetes de veinte, cincuenta o cien. De hecho, una fiesta casera sueca tradicional en temporada invernal tiene que tener velas. En España tenemos el “no Martini, no party”. Aquí son mas de “no velas, no party”.

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